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Mi cuñada Trini

 

Trini es la hermana de mi esposa. Ni guapa ni fea, no alta ni baja, eso sí, es bien gordita. No tiene ninguna característica que la haga especial, excepto sus dos tetazas. Por comentarios de mi esposa sé que usará una talla 125 de sujetador, lo que le da un morbo especial, y siempre he deseado poderlas tocar a pesar de saber que no me caben en la mano.

Un día pensé que no podía dejar pasar la oportunidad de poderselas tocar y a saber que más, así que tracé un plan. Un día pasé a visitarla porque su marido tenía un problema en el ordenador, así que aprovechando que no es muy espabilado en esa materia, me ofrecí a vérselo, claro está, aprovechando una mañana que sabía que andaba sola en casa.

Tras llamar al timbre, salió a abrirme la puerta vestida con una bata de casa, y daba la sensación de que no llevaba nada debajo. Ella apenas podía cerrar la bata con las manos sobre su escote y yo no podía parar de mirarla. Terminada la faena, la del ordenador, me ofreció un café al que acepté con tal de verla otro ratito, y sabiendo yo que era una asidua de los bingos madrileños, y después de charlar un rato de cosas intrascendentes, empecé una conversación sobre los mismos.

Yo: Ganar a alguien al bingo, es fácil, hay un 50% de posibilidades de hacerlo

Cuñada: que te crees tu eso. Hay que saber jugar y estar muy atento

Yo: No creo, además, con lo que te crees tu que sabes, seguro que es fácil ganarte

Cuñada: Ni loco te crees eso. ¿Sería más bien al revés, no ves que estoy muy acostumbrada a ellos?

Yo: Yo me apuesto contigo lo que tu quieras a que te gano cuando lo desee. Eso es muy fácil como te digo.

Cuñada: ¿Sí?, ¿que te apuestas a que no?

Bendita palabra, había conseguido la promesa de jugarme al menos unas partidas de bingo casero con mi cuñada a cambio de algo que aún no se había concretado. Supongo que sería dinero. Y ahí viene la segunda parte de mi plan. Su pequeña ludopatía no le permitía el lujo de apostarse conmigo  dinero. Así que continué:

Yo: ¿Y de que apuestas hablamos? (se hizo el silencio)

Cuñada: (Rie) Pues el dinero sabes que está jodido.

Yo: Bueno, no hay problema. Si pierdo yo pago en dinero, si pierdes tú pagas en lo que sea, ya lo acordaremos.

Cuñada: No me parece mala idea, a ver cuando lo hacemos y te das cuenta de que está equivocado y hay que saber del tema.

Yo: Mañana por la mañana estoy aquí y ya hablaremos como pagas tu y cuanto te pago yo.

Menos mal que no se tomó la apuesta de malos modos, porque ella sabe de sobra que me gusta mirarle las tetas tanto cuando viene a casa como cuando ella viene a la mia. Sólo quedaba volver al día siguiente con la excusa de tener que comprar un pequeño repuesto para el ordenador del tonto de su marido.

Llegado el día nos sentamos en la mesa de la cocina. Ella llevaba puesta una camiseta negra que le marcaban las enormes tetazas que tenía, hasta lograba adivinar facilmente los pezones algo caídos de la gordita. Una pasada. Solo pedí a Dios que me diera suerte, estaría jugando a ese estúpido juego hasta que la fortuna me llegase y pudiera ponerla en un compromiso.

Yo: Cuñada, a 5 euros la partida que pierda, ¿vale?

Cuñada: De acuerdo, ¿y yo que?

Yo: Tu pagas con prendas, que entre calcetines, zapatillas, y todo eso, te puedes hinchar a sacarme unos eurillos.

Cuñada: ¿Con prendas?, no se, no se (se rie)

Yo: Venga, empecemos.

Despues de casi una hora, había perdido tres partidas, a lo que le debía 15 euros, pero eureka, ella habia pedido cuatro y aún no se había quitado un calcetín. Supongo que imaginaba que había metido la pata pero su afán de bingo la hacía seguir jugando.

Después de hora y media, había perdido 20 euros solamente, pero es entendible que mereció la pena. Ella siete, y si las cuentas no me fallaban ocho eran las prendas que llevaba; dos zapatillas, dos calcetines, pantalón, camiseta y las piezas del interior. Llego la hora de irnos y le recordé:

Yo: ¿Bueno, y tu cuando esperas a pagar?

Cuñada: Pues…

Yo: Hay que cumplir con las apuestas y si no me salen mal las cuentas se quedarías solo con las braguitas, ¿no te parece?

Cuñada: Eso parece (rie con nervios)

Yo: ¿Entonces?. Yo el dinero no lo quiero, yo cumplo lo que prometo. ¿Y tu? ¿cumples lo que prometes?

Cuñada: ¿Yo? Calro, claro. Pero no se como, es que no…

Yo: (Me armé de valor) Mira, hagamos un trato sobre otro… Te perdono la deuda de las prendas, o mejor dicho, te las cambio por otra.

Cuñada: ¿Que? ¿Cual?

El cuerpo me temblaba y si hablo en ese momento, también lo haría la voz. Pero ella era consciente que se jugaba las prendas, no es ingenua, así que seguí adelante.

Yo: Pues… tocarte el pecho un ratito solamente, solamente un ratito y con eso compensamos

Cuñada: Jajajaja, Que susto, pensé cosas peores. Bueno, me lo pensaré.

Yo: (algo enfadado) Te lo pensaras… no. Eso debe ser así, encima de que te hago el favor de no desnudarte entera ahora…

Cuñada: Bueno, vale, pero no ahora, ahora me da corte

Yo: ¿Ahora no? ¿También condiciones? Vale, si no es ahora, yo te diré el momento y… no te podrás negar cuando te lo diga, ¿vale?

Cuñada: Vale, te prometo que no me negaré. Por mis hijos.

Salí más contento que unas pascuas y yo creo que a mi cuñada no le desagradó mucho el trato, su marido apenas la folla, y sabe que tiene buenas tetas para manosear. Ahí quedó todo. El fin de semana me intentaría cobrar la apuesta…

El domingo a mediodía fuimos a su casa, sus padres mi esposa y yo y nuestros hijos. Allí estaba su marido y sus hijos, con los suegros y nosotros, en total diez personas. Durante la comida le miraba las tetas a mi cuñada y ella era consciente de la apuesta que tenía pendiente, así que me tenía presente. Aprovechando que fué a la cocina a traer unos postres, me ofrecí a ayudarla para charlar con ella.

Yo: Hoy es el día

Cuñada: ¿Como? ¿Estás loco? No puede ser

Yo: ¿Me estás poniendo excusas otra vez?

Cuñada: Pues…

Yo: Cuando yo te diga te vas para el lavadero y me esperas allí, ¿lo has entendido?

Cuñada: Ya veremos

Se marchó con los postres y yo también la seguí y tras los cafés, en la sobremesa, sonó la campana de la oportunidad. Mi esposa marchó al jardín con los niños de ambos, su hijo mayor se encerró en su habitación, su marido se fue a probar su ordenador recién arregladito y sus padres, ambos quedaron dando una cabezadita en el sofá delante del televisor.

Yo: Ve al lavadero, todos están en sus cosas. Vé

Cuñada: Es que…

Yo: Que vayas, joder. Que nadie se va a enterar

Pareció que lo único importante es que nadie nos viera irnos solos. Verle y tocarles las tetas era lo de menos.

Cuando entré al lavadero ella estaba nerviosa. Sácate las tetas le dije:

Sus tetazas revosaban sobre mis manos, sus pezones estaban duros como piedras y yo no paraba de manosearlas. Estaba nervioso y excitado. Rápido, con la lujuria desvocada, subí la blusa y empecé a chuparle las tetas como poseído. Ella estaba paralizada como esperando nuevas instrucciones. Así que le dije:

Yo: Sacame la polla de los pantalones (sin soltarle las tetazas)

Cuñada: Sí

Yo: Meneamela zorrona. Meneame la polla. Pónmela hermosa

Cuñada: Que grande

Yo: Date prisa, baja y comemela golfa. Está loca por tí

Empezó a chuparme la polla con rapidez, como consciente de que aquello duraría pocos minutos. Participaba en un polvo loco y yo era el protagonista

Yo: Date la vuelta, que te voy a bajar el pantalón

Cuñada: ¿Como? No

Yo: Que te des la vuelta joder

Cuñada: No me hagas daño

Con esa frase mi cuñada ya entendía que follarle el culo era irremediable y aunque excitada, haría todo lo que fuera para complacerme y terminar pronto la función. Le bajé las bragas por detrás hasta medio muslo, no se oía a nadie por fuera, así que busqué su esfinter y el metí media polla de un golpe sin ninguna dificultad.

Cuñada: Ay dios. Me duele

Yo: Ah, ¿Te duele?, ¿pero te gusta?

Cuñada: Sí, me gusta mucho

Mientras le hacía el metesaca, no paraba de amasar esas tremendas tetazas, así que consciente de que tanta con tanta excitación yo no duraría mucho, le metí mas polla y la follé duro por el culo. Mi polla entraba y salia con tremenda facilidad, digna de una mujer excitada. Apoyé sus enormes pechos contra la lavadora mientras alternaba folladas de culo rápidas con otras despacito. Ella gemía en silencio cada vez más excitada, sabía que la tenía apuntito y sin comentarle nada le metí el capullo por su gran coño peludo.

Cuñada: Ay, ay, me encanta

Yo: Toma polla por el coño y por el culo, ¿no te gusta el bingo? toma polla

Cuñada: Dame así, así, ay ay

Me estaba pidiendo más caña, así que se la dí. Aumenté el ritmo de las embestidas en su coño, la sacaba y se la volvía a estampar de un golpe en su culazo, estaba dilatado, y no paraba de estrujar sus tetas, así que pronto empecé a sentir que me corría. Iba a llenarle el culo de leche a mi cuñada en su propia casa.

Yo: Aahhhhhh. Me corro en tu culazo golfa. Dios que corridón

Cuñada: Ay sí correte, correte. Me aprietas mucho las tetas, ay.

Saqué mi polla de su culo y la folle un poquito en su chochazo, cuando cuanta fue mi sorpresa que empezaron a temblarle las piernas. Se estaba corriendo con pequeños jadeos.

Cuñada: Ay que gusto, ay que gustooo

Con rapidez y al subirle las bragas, se manchaban de leche, que brotaba de su culo. Me había corrido bastante pues era tanto el deseo cumplido que pareció que me meé en su trasero.

Yo: Subete los pantalones nena. Menudo polvazo en el culo te he echao. Volveré a por más otro día… pero ahora quiero que te vayas a ver a tu marido y le des un besito de amor

Cuñada: Ay, como me tiemblan las piernas. Espera que me arregle un poco y voy. Estoy nerviosa.

Al rato, después de respiraciones menos agitadas, vi como mi cuñada entraba a la habitación y le daba un besito de amor a su maridito con esos labios que hace cinco minutos habían chupado mi polla. MI cuñado le respondió con una palmadita en el culo, el culo que también había sido mio gracias a una tonta apuesta. Apuesta que gané.

Autor Tony_23